sábado, 3 de diciembre de 2011

¡Quieto ahí!

Por: Miguel Villarreal Ortiz
@MikeyVillarreal

Publicado en blogs.milenio.com

¡Bolas! Éstos van más que en serio. Me quedé con el ojo rojo cuando me llegó un correo adelantándome la (¿buena?) nueva: Humberto El Bronco Moreira se bajaría del toro con todo y cachivaches. Una minúscula sección del apartado de uno de mis paradigmas se volteó de cabeza, y nomás estoy esperando a que llegue la tormenta para echarme al piso.

El PRI será un monstruo infernal emanado de las más inmencionables catacumbas (o un caballero fuerte y estoico que regresa para poner orden en el castillo, ustedes dirán), pero que se confiese el que no concuerde conmigo cuando digo que ésta es una bestia sumamente disciplinada. Me imagino un Irish Wolfhound de sesenta kilos con la boca espumada, sentado con la mirada clavada en un huesote carnoso, esperando a que le den la señal para aventársele y despedazarlo. Si la inercia del currículum se mantiene constante no dudo que al primer campanazo estos cuates regresarán orinando por todo el país (marcando territorio vaya).

No faltan los que probablemente tengan algo de razón: “Es el mismísimo partido de siempre; detrás de las iniciativas actuales están Salinas, Madrazo, Hank, los Illuminati y un tataranieto secreto de Porfirio Díaz que despacha desde un bunker en las Islas Marías”. ¿Pero así de simple es la ecuación? Puede ser que sí. Inclusive puede que el partido de hoy sea más vil y perverso que cualquiera de sus iteraciones pasadas; pero al igual y no. No defiendo al partido nouveau ni lo denuncio, sólo hago explícita mi más completa ignorancia para con el tema.

Esto me llena de comezón. No sólo por la curiosidad intelectual de saber si en doce años una sociedad puede moldearse lo suficiente como para quebrarle los huesos a un modus operandi exitosísimo e implacable, obligando a sus autores intelectuales a replantearlo. También me mueve las tripas porque me hace preguntarme: ¿Cuántos individuos se encuentran en este proceso de ponderación? Ante tanto merequetengue en el PAN y los tufos de incongruencia amorosa en el PRD, habrá electores que se les moverá el gusano.

Vivimos en tiempos electorales muy, muy extraños. Veo una tripolarización (si no existe, pues acabo de acuñar un nuevo término) tajante en las preferencias del electorado que me despeina: están los que le andan coqueteando al PRI porque creen que los del PAN están muy brutos y los del PRD están muy locos. Están los que se la rifarán con el PAN, porque todavía le tienen miedo al PRI y que por construcción no encajan con el PRD; y por último están los que viajarían con el PRD al instante, pues ven al PAN como la máquina del mismísimo Lucifer y encuentran en el PRI una extensión de la misma. Todos distintos, pero igual de confundidos y desconfiados.

Entiendo que apenas esté amaneciendo en las precampañas, y que con los días y los comunicados de prensa los aguacates se van a ir acomodando en su lugar, pero siento que ahorita todos andan bailando con un ojo en la pista y otro en la cámara, pues saben bien que ahora más que nunca es cuando se define el marco con el cual los van a retratar durante todo el proceso.

Y aquí es donde reviro la ofensiva y recalco lo trascendente que es el hecho de que el PRI le haya dado gas a un personaje tan pesado como Moreira: cuando se trata de colorear un dibujo que nadie logra descifrar, no gana el que escoge mejor los colores; el premio se lo lleva el que no se sale de la raya.