Escrito por: Miguel Villarreal Ortiz
@MikeyVillarreal
Publicado en: blogs.milenio.com
Sabemos que se trata de algo especial cuando se retacan los aeropuertos de acentos. Cuando la intención de reunirse es tal que las familias le marcan a Dios para reservar el cielo y la carretera. Cuando los adolescentes se chutan con ánimo la puesta en escena de las máscaras de oxígeno que ofrecen las aeromozas, pues saben que en unas cuantas horas se toca tierra para recibir los regalos de los padrinos. Cuando se sonríe y se platica con el taxista.
Se comprueba que es un contexto atípico y maravilloso cuando los abrazos duran más de dos segundos. Cuando llegan los primos desconocidos a la casa cargados de botellas etiquetadas, muertos de hambre y de emoción por haber encontrado una excusa para rememorar. Cuando aparece corriendo por la cocina toda una camada de huercos nuevos, extasiados, que parecen haberse multiplicado como Gremlins desde la última vez que sucedió exactamente lo mismo. Cuando familias enteras clausuran las guerras de siempre, para abrir la más bíblica de todas las batallas: buscar quedarse con la última rebanada de pavo. Cuando los papás, sin sentirse culpables, les sueltan el encendedor a sus hijos para que enciendan un palo gigante retacado de pólvora y lo anden meneando por todo el patio. Cuando se canta en una casa sin regaderas prendidas.
Notamos que no es cualquier asueto cuando una planta que mide tres metros y deja un regadero de hojitas le llena los ojos de alegría a un ama de casa. Cuando duermen juntos un robot de Transformers empaquetado y un Niño Jesús. Cuando los niños escriben (la cartita a Santa Claus) y los adolescentes sospechan. Cuando los padres desafían la lógica de la temporada pues, tan pronto caen dormidos los chamacos, se portan mal y obtienen su regalo. Cuando aparece un perrito nuevo con un moño en la sala.
Vemos que la fecha es importante no sólo porque viene resaltada con rojo en los calendarios. También lo hacemos porque recordamos sus diversas interaciones y ansiamos las que habrán de venir; porque utilizamos el día como referencia cronológica a la hora de referenciar acontecimientos cercanos. ¡Y porque ese día no hay trabajo! Por esto y mucho más.
Menciono sólo algunos de los incontables elementos que nos recuerdan por qué la Navidad es un huracán de bendiciones y oportunidades. Si hiciéramos todos un focus group escribiríamos un libro entero en varios tomos. Serán interminables los motivos, y cada quien tendrá la oportunidad de gozar las minucias y los pormenores a su manera; pero es indudable que habrá una alteración de la normalidad que todos compartiremos:
No habrá fecha en el año en la que nuestros conocidos tengan las defensas-psicológicas tan bajas. No existirá mejor ventana de oportunidad para acceder al lado amable y receptivo de las personas que más nos importan y nos rodean. Éste día es la encarnación del más puro y disfrutable paréntesis amoroso.
Pero este día también es finito, así es que no se vale titubear. ¡Feliz Navidad!



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