Por: Miguel Villarreal Ortiz
@mikeyvillarreal
Publicado en blogs.milenio.com
Cometí un gravísimo error la semana pasada. De colores. Algunos de mis lectores atentos notaron acertadamente que mi artículo desapareció del portal a las 2 de la tarde; y me mandaron correos preguntándome si el periódico me había censurado. Aprovecho el párrafo para aclarar que no fue así, que MILENIO jamás me ha lanzado siquiera una flácida insinuación desponchada sugiriendo qué es lo que debo y no debo publicar, y que fui yo merito el que mandé mí creación al revolcadero.
Jamás había hecho algo así, pero al leer mi escrito esa mañana me di cuenta de la monstruosa falta de tacto y sensibilidad con la cual abordé el tema escogido (la muerte de Blake Mora). Me sentí como el borracho que se levanta con una mujer muy distinta a la que creyó haber cortejado la noche anterior, y no encuentra de otra más que salir corriendo por la ventana, en canelos. No quiero hablar más del tema, sólo pido una disculpa a los que tuvieron el infortunio de leerlo.
Pero de algo sirvió, pues trajo a colación un concepto con el que me he aventado varios tangos desde que me dieron la increíble oportunidad de escribir aquí: la reputación. Decidí degollar mi artículo anterior porque su tono no coincidía con lo que a mi parecer soy y represento; e intuía fuertemente que una vez que te quemas, te evaporas.
¿Pero qué tan cierta es mi analogía de tres pesos? Lo digo porque, si hay un individuo en este país que se dedicó sistemáticamente a lanzarle lechugas podridas a un sector demográfico importante en este país fue López Obrador; y su tirada ahora parece ser acercarse con ellos y sacar la pipa de la paz.
Ojo, hoy traigo bandera blanca, no vengo a analizar si la decisión de nombrar a AMLO candidato de izquierda en vez de a Marcelo Ebrard fue buena, ni pretendo encender la calefacción y especular si el mencionado sería Lula o Hugo Chávez. Hoy sólo me interesa la pregunta de si un prestigio así de achicharrado (en aquellos círculos) puede ser restablecido suficientemente como para ganar una elección.
Y es que va con todo el cambio de balatas: vemos y escuchamos a un Obrador hablando de amor y paz, y boleándole los zapatos a los empresarios. En lo personal creo que no puedes cambiar de actitud de una manera tan pronunciada en un par de años sin que te explote el cerebro (lo he mencionado anteriormente); pero asumiendo que el nuevo López sí viene fresquecito de agencia, no termino de decidir si eso le bastaría para convertirse en el legítimo presidente legítimo.
Rememoremos: Bloqueos en reforma, leperadas en contra de los empresarios y las televisoras, asociación con movimientos violentos como el SME y un tsunami discursivo que se llevaba a muchos moros de encuentro.
Así es que para mí la cosa se ve más complicada que la trama del Árbol de la vida (Buenísima, pero no para todos), pero existe al menos un factor que le da ánimo y comidita a la pretensión de su campaña: la falta de satisfacción casi generalizada para con la situación actual que vive el país. Cuando hace hambre te comes hasta las orillas de la pizza, aunque no te gusten.
Esta será una pregunta que me seguirá enredando las orejas de aquí a los resultados del PREP 2012; y que no hará más que ensalzar los foros de discusión aquí en MILENIO. Independientemente del veredicto, yo ya terminé de quemar en fogata santa mi artículo pasado, y de limpiar mi ordenador con alcohol para asegurar que ni el mismísimo diablo se lo vuelva a topar.



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