En nuestro país vivimos durante más de setenta años una democracia ficticia donde gozábamos –o sufríamos, según sea el caso- de un Presidencialismo total, donde el poder absoluto recaía en la autoridad y la decisión de un Presidente que a su vez servía como dirigente nacional del partido hegemónico en el poder, dando lugar a una absoluta muestra de poder, llamados poderes meta constitucionales del Presidente, los cuales no estaban escritos en ninguna ley pero le otorgaban la autoridad suficiente para hacer y deshacer a su antojo la política de nuestro país, nombrar y remover gobernadores, presidentes municipales, senadores y diputados de la forma en la que le pareciera más adecuada; premiando o castigando a sus amigos u opositores.
A partir de 1997 cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión hemos visto como ese poder ha evolucionado dejando de lado la figura presidencial y trasladándose a lo más cercano que podía encontrar además de eso, la transición democrática de inicios del siglo XXI con la llegada de Vicente Fox al poder trajo consigo gobernadores todopoderosos que generan pequeños círculos de poder e influencia con la autonomía suficiente para crear los actos más inmunes de corrupción sin el más mínimo reparo.
Cuando Fox llegó al poder muchos creímos que el paso hacia una verdadera democratización en México donde se eliminarían por fin las redes de corrupción, opacidad e impunidad. Lamentablemente el hecho de que aproximadamente dos terceras partes de los estados de la república y más de la mitad de los municipios nunca habían contado con un gobierno diferente al PRI, transformaron el poder de un sistema presidencialista a un sistema con una fuerte concentración de poder en los estados.
Ejemplos de esto hay muchos, uno de ellos Mario Marín, el mal llamado gober precioso, cuyo nombre y apellido aparece en cada obra, viaducto, museo, hospital y colegio creado durante su administración en el hermoso estado de Puebla, este personaje se encargó de llevar presa a Lydia Cacho por acusar a su amigo Kamel Nacif de formar parte de una red de pederastas llevándola secuestrada desde el estado de Quintana Roo hasta Puebla amordazada, vejada y ultrajada por sus captores.
En Oaxaca, Ulises Ruiz acusado de peculado por una inexplicable acumulación de riqueza durante su sexenio al comprar terrenos, casas, residencias, y muchos otros inmuebles valorados en millones de dólares y puestos a nombre de su esposa, su made y cuñados. Además de desvíos de recursos valuados en más de tres mil millones de pesos desaparecidos de diversas áreas como el DIF, la Secretaria de turismo, la oficina de pensiones y la coordinación de finanzas de gobierno del Estado.
Veracruz es un estado que muestra una historia muy similar, de la mano de Fidel Herrera y sus múltiples grabaciones durante una plática con un candidato a diputado que le pedía su apoyo a lo que respondió aludiendo a que él podía hacer lo que quisiera puesto que se encontraba en la “cima del pinche poder” se encargó de utilizar recursos del estado para promover su imagen esperando una posible candidatura presidencial en 2012 sin importarle el convertir al estado en uno de los más endeudados a nivel nacional.
En Coahuila, Humberto Moreira es un caso especial creando una deuda de más de 35 mil millones de pesos que si todos los habitantes de este hermoso planeta hiciéramos un cochinito nos tocaría de a 5 pesos por persona y él solo se tardó los seis años de su administración se encargó de crear una red de corrupción de la cual se beneficiaban sus familiares y colaboradores más cercanos pasando de ser simples funcionarios públicos de tercer nivel a importantes empresarios de las ramas de telecomunicaciones, restaurantes y comercios no solo en el estado sino también en el Valle de Texas. Se encargó de llevar su poder más allá de lo posible, al utilizar el Congreso del Estado y su injerencia en el Instituto Electoral de Coahuila para escalonar las elecciones, y redistribuir los distritos electorales para evitar que cualquier otro partido diferente al suyo llegue al poder, transfirió su administración creando el Moreirato transfiriendo el poder a su hermano Rubén utilizando todos los recursos posibles.
Parece que ningún estado de nuestro país puede librarse de ejemplos como estos, los cuales hay también en Nuevo León con Natividad González Parás y Rodrigo Medina, Tamaulipas con Eugenio Hernández, y finalmente el Estado de México con Enrique Peña Nieto.




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