
Hacia el fin de la década de los setentas la oposición festejaba los primeros pasos hacia una democracia. Al llegar López Portillo a Los Pinos sin oposición los hilos que sostenían la tranquilidad política de México se habían tensado lo suficiente para llevarlo a una nueva crisis.
De la mano de Jesús Reyes Heroles, entonces Secretario de Gobernación se realizó la Reforma Política de 1977 que llevaría la composición del Congreso de la Unión de 186 a 400 el número de diputados, el objetivo de esta reforma era el de ofrecerle a la oposición una oportunidad de hacer política dentro del Congreso –sin tener realmente un verdadero contrapeso para el PRI- sacándolos de las calles pero ofreciéndoles un espacio donde pudieran representar la posición de quienes no iban a de acuerdo con el sistema establecido por el Revolucionario Institucional, con este se comenzó la época de los plurinominales, que terminaría veinte años después ofreciéndole a la oposición la oportunidad de robarle por primera vez al PRI la mayoría absoluta del Congreso.
Comento esto para hablar realmente de lo que quiero hablar, la falsa opción democrática que representan los partidos pequeños, a los que en tono de burla se les llama “chiquillada.”
La chiquillada a nivel nacional la representan el Partido Verde, el PANAL, Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) y el PT.
El primero nació en la segunda mitad de la década de los 80s como una opción diferente a la política que existía hasta entonces, creado hasta ese entonces por un priísta llamado Jorge González Torres, desde las elecciones de 2000 ha buscado ir en alianza en las elecciones federales, apoyando a Vicente Fox en el 2000, en 2006 apoyando a Roberto Madrazo y ahora para 2012 han anunciado su apoyo a Enrique Peña Nieto como su candidato presidencial.
En 1990 por orden directa de Carlos Salinas de Gortari, Alberto Anaya asume el reto de crear un partido que sirviera de contrapeso para la ideología política del recién creado PRD de la mano de expriistas como Cuauhtémoc Cárdenas , Andrés Manuel López Obrador y Porfirio Muñoz Ledo. Desde 2000 ha ido en alianza con el PRD y desde 2006 forma parte del Frente Amplio Progresista.
En 1999, Dante Delgado (Perredista) funda el partido Convergencia por la Democracia, después simplemente llamado Convergencia, y ahora Movimiento Ciudadano, en todas las elecciones en las que ha participado ha ido en coalición en 2000 apoyando a Cuauhtémoc Cárdenas y en 2006 a López Obrador. A nivel estatal en Guerrero, Chiapas, DF, Michoacán, Oaxaca, Puebla y Sinaloa ha ido en alianza con todos los partidos a excepción del PRI.
Finalmente el PANAL fundado en el 2005 por Elba Esther Gordillo ha ido en todas y cada una de las elecciones en las que ha participado en los estados en alianza sin importar si es con el PRI, con el PAN , con el Verde o con el Social Demócrata.
En conjunto estos partidos nos cuestan a los ciudadanos un promedio de 300 millones de pesos anuales cada uno. Dinero que viene de nuestros impuestos para solventar sus gastos operativos y de campaña.
Pero mi duda es, ¿Qué clase de representatividad ofrecen estos partidos?
¿En qué momento decayó aquel objetivo de representar a los grupos olvidados por el PRI, el PAN o el PRD? ¿En qué momento dejaron de representar a las minorías para unirse al PRI, al PAN o al PRD?
En nuestro país urge una reforma política que legitime a los partidos pequeños. Que implemente medidas mas fuertes no solamente para su creación, sino, también para su funcionamiento. Por ejemplo, que durante su primeros diez años de vida obligatoriamente tengan que acudir a elecciones de manera independiente.
Esto evitaría partidos políticos que se crean únicamente con fines económicos para sus dueños. Y le regresaría la representatividad a las minorías como en su momento se suponía que lo harían.
En Nuevo León durante la pasadas elecciones de 2009 participaron por primera vez los partidos Demócrata y Cruzada Ciudadana, extrañamente ambos partidos minoritarios formaron alianza con el PRI. Ejemplos como esos existen en todos los estados, partidos que sirven como un gran negocio para sus dueños.
Estos partidos juegan a ofrecerle a quien se deje una diferencia de 3 o 4 puntos porcentuales a cambio de unas cuantas posiciones y seguir viviendo a costa del erario público, todo a cambio de ofrecerle a los ciudadanos una falsa democracia y una nula representatividad para las minorías.
Esto evitaría partidos políticos que se crean únicamente con fines económicos para sus dueños. Y le regresaría la representatividad a las minorías como en su momento se suponía que lo harían.
En Nuevo León durante la pasadas elecciones de 2009 participaron por primera vez los partidos Demócrata y Cruzada Ciudadana, extrañamente ambos partidos minoritarios formaron alianza con el PRI. Ejemplos como esos existen en todos los estados, partidos que sirven como un gran negocio para sus dueños.
Estos partidos juegan a ofrecerle a quien se deje una diferencia de 3 o 4 puntos porcentuales a cambio de unas cuantas posiciones y seguir viviendo a costa del erario público, todo a cambio de ofrecerle a los ciudadanos una falsa democracia y una nula representatividad para las minorías.



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