Por: Mario Alberto Zambrano Ábrego
Twitter: @MarioZambranoA
En la primera parte de su obra El Político y el Científico, Max Weber escudriña lo que implica la “política como vocación”, perfilando elementos clásicos del liderazgo y la ética aplicada al ámbito político. Las ideas contenidas en los mensajes transmitidos en la sesión del Consejo Nacional del PAN del pasado 25 de septiembre esbozan un esfuerzo de reconciliación de dicho partido con la política como vocación y con el ideal de “vivir para la política” y no de ésta. Las señales enviadas por el Primer Mandatario Felipe Calderón Hinojosa y por el Presidente del PAN Gustavo Madero Muñoz son contundentes: el partido se encuentra desgastado por el ejercicio del poder y los ciudadanos ya no distinguen su esencia; “es urgente una renovación ética, de comportamiento y de imagen.”
La realidad indica que vislumbramos un ejemplo puntual del impacto de lo “tentador” de tomar atajos ilegítimos en política, de estirar la liga de los principios de más al grado de romperla. Las consecuencias del actuar político alejado de la ética han impactado al ciudadano y se han dejado sentir tanto en el PAN como en el gobierno. La diferenciación del partido fundado por Don Manuel Gómez Morin se diluye y la renovación se torna indispensable.
La ciudadanía se encuentra harta de que los intereses preponderantes no sean los de la Nación y de ello culpa a los partidos políticos. ¿Cuántos dedos de la mano se requieren para contar a líderes políticos que inspiren, que representen esperanza y el ideal a seguir por las nuevas generaciones? El bono ciudadano que al PAN le tomó décadas acumular y que durante años lo ha favorecido se ha ido agotando rápidamente. El “renovarse o morir” anunciado por el Presidente Calderón resume el tamaño del daño y, al mismo tiempo, revela la gravedad de no adoptar el remedio correcto. ¿Cómo conectar de nuevo con la sociedad, de qué manera habilitar una reconciliación con el ciudadano, a quiénes impulsar como candidatos?
Hay que luchar contra las inercias. El sistema falla si el político, ante la desvinculación con la sociedad y sus legítimos intereses, tiene campo para abandonar un esquema de sensibilización social y rendición de cuentas donde exista un proceso ciudadano de transmisión de inquietudes, carencias y exigencias sociales y una recepción atenta por parte del servidor para posteriormente producir valor para la comunidad. A falta de diálogo y sin una sólida exigencia ciudadana, que se traduzca en presión pública o castigo electoral, la “tentación” para el actor público de materializar conductas egoístas, individualistas y no éticas se multiplica, sobre todo si existe una voluntad poco educada, baja capacidad para el desprendimiento y deseo enfermizo por los temas materiales (léase control y dinero). El cáncer está anidado en nuestras endebles instituciones públicas y privadas.
La culpa no es sólo de los actores públicos. Cada ciudadano es corresponsable de que hoy vivamos una dictadura de los antivalores y del pragmatismo imprudente. El poder ciudadano, atomizado, poco puede ante el gobernante irresponsable, los partidos o el funcionario empresarial que corrompe o es corrompido. La sociedad civil debidamente organizada representa la concentración de poder que puede y debe asumir un rol estratégico para el diálogo con los actores públicos en la definición de agendas comunes que privilegien la atención de las problemáticas de la sociedad y para ejercer presión ordenadamente. ¿Está ocurriendo esto? Estimo que sólo hay bocetos.
Los liderazgos sociales requieren sagacidad y visión estratégica para impactar la vida de los partidos políticos y el desempeño de las administraciones públicas en todos sus niveles; sin ello el poder se mantiene difuso y aumenta el desencanto. Se requieren planes sólidos sobre la Nación que los mexicanos queremos construir y se ocupa actuar, ya que aunque en un esfuerzo social organizado no todos los ciudadanos son líderes sociales ni todos los líderes sociales necesariamente cuentan con una vocación de poder y transformación es indispensable que cada persona asuma una responsabilidad cívica y con el entorno que supere el mero hecho de votar.
En todo caso, especial responsabilidad recae en el líder social que sí cuenta con vocación de poder y transformación, quien no debe faltar al deber y reto que su esencia y la vida le brindan e imponen: liderar en equipo de manera generosa, auténtica, libre y sin coaccionar a terceros, con el fin de generar bien común como resultado de acciones concretas que respeten la dignidad de la persona humana y se funden en los principios de solidaridad y subsidiariedad. Algunos lo harán desde la sociedad civil y otros desde la sociedad política. Y quien pudiendo hacerlo no lo haga sólo merece el calificativo de traidor a la Patria.
Considero que los ciudadanos a quienes se han referido los liderazgos panistas en su pasado Consejo Nacional son aquéllos que, actuando en la esfera del partido o de la sociedad: (i) siendo sagaces observan un comportamiento ético, (ii) son generosos y muestran equilibrio entre las ideas y la acción política/social y (iii) reconocen lo digno de cualquier trabajo, sea éste entregar un panfleto, impartir una capacitación, realizar una brigada o resolver que las fuerzas armadas sigan en las calles. Me imagino que se refieren, en esencia, a líderes que cabalmente reconozcan que servir implica tener conciencia del peso de la responsabilidad y que dicha carga, llevada en hombros, debe ser la base para no perder piso.
Celebro que el PAN trace una línea y directriz encaminada a restaurar el diálogo del partido con la sociedad civil, con los jóvenes, con las mujeres, con los empresarios, con diferentes sectores de la comunidad y a ubicar los talentos que encarnen la esencia del partido. Para el trabajo que se avecina será necesario contar con los interlocutores naturales que realmente puedan generar que el ciudadano confíe de nuevo. Como se precisó en el Consejo Nacional habrá que considerar “a los mejores ciudadanos y no a quienes controlen la estructura” y “a los que tengan la capacidad y el compromiso para impulsar la doctrina panista en el poder público”. El esfuerzo de renovación e interlocución habrá de ser genuino, so pena de que a la esencia del PAN le ocurra el segundo supuesto esgrimido por el Presidente Felipe Calderón Hinojosa: morir.
Mario Alberto Zambrano Abrego
Abogado, maestro en derecho internacional por la Universidad de Harvard y Director de la Fundación Bernardo Elosúa / José G. Martínez, A.C.
zambranoabrego@gmail.com



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