Por: Mario A. Zambrano
@MarioZambranoA
Publicado en: www.elnorte.com
Ya muchas palabras se han usado en quejas sobre la metamorfosis de Nuevo León en la última década. La tragedia del Casino Royale, la megadeuda y las corruptelas públicas sólo son la punta del iceberg.
Esta metamorfosis aparenta un tránsito de la modernidad a la barbarie, pero en el fondo refleja una crisis institucional derivada no de otra cosa, sino de la deshumanización de los nuevoleoneses.
La Encuesta de Cultura Ciudadana 2010 realizada por Corpovisionarios (dirigido por Antanas Mockus, ex Alcalde de Bogotá) en metrópolis latinoamericanas nos deja en ridículo en temas como participación en organizaciones de la sociedad civil (OSCs), en espacios de control público y en los partidos.
Claro, hay cientos de personas que participan, pero son superadas por las cientos, pero de miles, que no.
¿Cómo justificar que, de ser una de las tres mejores ciudades para hacer negocios en Latinoamérica, en Monterrey ahora se generan menos trabajos, pues la inversión se ha desplomado y se planean expansiones, pero en estados como Querétaro y Guanajuato?
Para aspirar a recuperar nuestro entorno es necesario retomar las causas por Nuevo León: ¿cuáles son esas conductas, principios y actitudes?
El Ideario Cuauhtémoc, de don Eugenio Garza Sada, representa una sólida expresión de los valores que nos dieron grandeza: reconocer el mérito en los demás, controlar el temperamento, no hacer burla, ser cortés, tolerante, puntual, no alterar la verdad, dejar que los demás se explayen, depurar el vocabulario, disfrutar el trabajo y ser modestos.
El Consejo de Valores del Estado ha calificado a los nuevoleoneses como visionarios, honestos, emprendedores, puntuales, trabajadores, líderes, respetuosos, ahorradores, competitivos, confiables, fuertes y leales.
Todos son elementos positivos, pero ¿dónde quedaron la generosidad y el servicio?
Si el nuevoleonés adopta el compromiso solidario de trabajar para que no se eternice el estado de las cosas será factible despertar la fraternidad que nos falta para fortalecer nuestras familias y enfrentar los enormes retos sociales.
Mientras continúe en grado bajo el nivel de generosidad el futuro será sombrío. Quien se calla ante el mal que no lo afecta, o por "comodidad" no defiende la legalidad, es copartícipe de la tragedia que vivimos.
OSCs tan tradicionales y trascendentes como Cáritas luchan por salir adelante al disminuir los donativos. Esfuerzos para reclamar el descaro de los políticos acaban en desánimo por la baja participación. Son excepcionales acciones sencillas y vitales como conocer a los vecinos de la cuadra o participar en la junta directiva de la colonia o de la escuela.
La generosidad está debilitada. El individualismo a rajatabla riñe con la dignidad personal: "Lo mío es primero y la lucha diaria que viven los demás poco me importa" es algo que no se dice, pero sí se piensa y, peor, se refleja en las acciones.
Los ciudadanos que se organizan intentan remontar el marcador, mientras que los apáticos ven cómodamente el partido desde las gradas. Es indispensable que la generosidad se active y que sus efectos pulvericen al egoísmo. Habrá quien aporte tiempo, talento, una palabra de aliento. ¡Hoy ocupamos echarnos la mano!
Mantener cerrada la llave del servicio a los demás está matando a la comunidad que tanto orgullo nos ha dado. Es hora de retomar nuestras causas tradicionales: hay que ser muy norteños, sí, y sobre todo, profundamente nuevoleoneses.
Abracemos la bandera de la generosidad. Si no respondemos a nuestro deber hoy, mañana el reclamo de nuestros hijos y de la historia será avasallador.
El autor es abogado y maestro en derecho internacional por la Universidad de Harvard.
zambranoabrego@gmail.com



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada