
Hace algunos días el New York Times publicó una entrevista exclusiva con el Presidente Calderón, en ella el periodista le cuestionó al Presidente si tiene algún tipo de preocupación de que en caso de que el PRI llegue a los Pinos el próximo año se pueda llegar a algún tipo de acuerdo con las diversas bandas del crimen organizado.
En su respuesta Felipe Calderón dio a entender un secreto a voces que desde hace años se conoce de la política en nuestro país.
“Hay mucha gente en el PRI que coincide con la política que yo tengo, por lo menos lo dicen en corto, como decimos, aunque públicamente digan otra cosa. Y hay mucha gente en el PRI que piensa que los arreglos de antes funcionarían ahora, pues es el caso del ex gobernador de Nuevo León, ¿no? De Sócrates Rizzo, que tiene unas declaraciones maravillosas. Dice: nosotros nos arreglábamos con los criminales y no pasaba nada.”
Inmediatamente el PRI se rasgo las vestiduras y empezó con los golpes de pecho aprovechando la poca memoria del mexicano. Exigieron pruebas y disculpas por parte del Presidente y prácticamente de todos los mexicanos que llegasen a pensar de la misma manera.
Los priistas culpan a los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón de haber iniciado una guerra contra el crimen que ha costado la vida a más de 40,000 personas, sin olvidar la causa raíz de esta misma guerra que es el narcotráfico en México.
Hablar de narcotráfico y del crimen organizado en México es una historia que comienza a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en México las drogas más utilizadas durante esos años eran la morfina, heroína, cocaína, y la marihuana, que incluso eran vendidas en boticas y mercados. Fue durante la revolución que las ganancias económicas y su consumo hicieron que se convirtiera en un gran negocio.
La mayoría del comercio de drogas se llevaba a cabo en el territorio de Baja California en su traslado hacia los Estados Unidos en ese entonces gobernado por el coronel Esteban Cantú. Ya a principios de la década de los cuarenta periódicos como el Universal y el Excelsior informaban que el entonces Gobernador de Sinaloa, Pablo Macías –un Ex Secretario de Marina- era el principal líder de una red de tráfico de drogas.
Hoy muchos mexicanos creen que la solución más recomendable para nuestro país y la principal estrategia del futuro presidente de México debe ser el negociar con el narco.
La guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado como vemos no es algo nuevo y mucho menos es algo exclusivo de nuestro país. En varias otras partes del mundo ha existido el mismo problema y la misma solución por parte de gobernantes que podrían ser considerados ingenuos o incluso cobardes al tratar de negociar con grupos criminales para poder disminuir los indices de violencia.
Un ejemplo de ello fue en Colombia, donde el presidente Gaviria intentó negociar con el Cártel de Medellín de Pablo Escobar y lo que sucedió después fue incluso peor de lo que había pasado hasta el momento, después del asesinato de Luis Carlos Galán entonces candidato a Presidente, Gaviria tomó la candidatura para derrotar a Hernando Duran y a Ernesto Semper, este último que tiempo después llegó a ser presidente e intentó negociar con el Cártel de Cali para poder enfrentar al cártel de Medellín y tampoco funcionó. En Rusia, el Boris Yeltsin intentó negociar también con la mafia rusa y todo aquello fue un verdadero fiasco.
Invariablemente cuando se negocia desde un Estado débil, dividido políticamente lo único que se logra es que el crimen organizado y sus diversas bandas se fortalezcan.
El Gobierno está hecho para salvaguardar la vida y la propiedad de sus ciudadanos, no para negociar con bandas criminales. Si un gobernante se sienta a negociar significa desistir a sus responsabilidades primordiales.



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