Publicado en http://blogs.milenio.com
Por: Miguel Villarreal Ortiz
Estoy que se me revienta la aorta; pero primero me calmo y expongo:
En Monterrey tenemos una cultura diferente a la de nuestros compas del centro-sur. Esto no es ni para bien ni para mal, sólo lo es. Son varios los factores que se van deformando y volviendo a formar mientras viajamos hacia el norte, y uno de ellos quedó más que evidenciado el domingo pasado.
El fin de semana pasado hubo una manifestación en el centro de mi querida ciudad. Ahí hubo una plegaria unánime: La renuncia de nuestro gobernador desangelado. No éramos más de dos mil asistentes (cifra que en el DF no ameritaría ni la cobertura por parte del periódico oficial de la secundaria 35), pero para el currículum regiomontano esto fue todo un bombazo de participación ciudadana.
La verdad es que no somos muy gritones aquí en Monterrey; por lo menos en cuestiones de faltas colectivas de satisfacción. No creo que esto sea mejor o peor que en el DF (donde puede reunirse un grupo ex profeso de diez mil personas protestando el incremento súbito de los precios de los cortaúñas), pero esta disparidad nos dice algo.
Por esto es que el hecho de que un puñado de humanos neoloneses nos hayamos organizado de esta manera, en una ciudad como la nuestra, quiere decir que de plano ya se reventó la espinilla. Los regios verdaderamente estamos hasta las uñas no sólo de la violencia, si no de la progresión que se ha visto en la misma desde que nuestro gobernador y nuestros alcaldes actuales se sentaron en sus tronos. Podemos centrarnos un poco y admitir que inseguridad ya había cuando ellos llegaron; pero no es posible que los indicadores hayan crecido a esta magnitud. En la mayoría de nuestros municipios no se ha visto ni un ápice de progreso y esto-como le dijo el juez a Santoy- es imperdonable.
Por lo general no me gusta tirar pedradas directas; trato de matizar y moderar mis comentarios, pero hoy sí voy a gritar hasta que se me caigan los dientes: Rodrigo Medina y Fernando Larrazábal tienen que llegarle a la fregada en este momento. Partir. Declinar. Abandonar. Retirarse. No encuentro explicación para justificar el inmenso umbral del dolor que hemos demostrado a la hora de tratar con estos dos personajes; y siento que hemos perdido prácticamente todas las moléculas de dignidad que tenemos como regios.
Por eso mi aorta está llena de quistes. A mis venas no les cabe el shot de adrenalina adulterada con jugo gástrico que me recorre el caparazón cuando escucho un nuevo discurso genérico vomitado por el gobernador. No le veo las ganas, no le veo el carácter. Lo veo bloqueado, tartamudo, a la defensiva por la ola hawaiana de malas noticias que desde hace mucho se lo tragó por completo. Lo peor del caso es que estos miembros del ejecutivo local se la pasan aventándose la bolita por todos lados, como si estuviéramos para jueguitos de verano.
Estoy seguro que habrá quienes sacarán el discurso de “esto es culpa de Fecal, el espurio de la derecha ultra-católico que viene a alimentarse con el sudor de nuestro pueblo mestizo; él fue el que generó todo esto” o algo similar. Abur. Cada quien. Para mí es tan sencillo como pedir paciencia y empatía para el que trabaja de más; y una patada con guillotina para el que nos hace trabajar más que ellos. Fuera.
Discúlpenme lectores por el sesgo del día de hoy, pero tengo 25 años y mi aorta está hinchada como cacahuate.
mikeyvillarreal@gmail.com



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