
Estamos a unas cuantas horas de que se cumpla la primer semana del cobarde atentado que cimbro las bases de nuestra sociedad, que sacudió a todo un país y que ha dado la vuelta al mundo en el Casino Royale. El pasado jueves cuando apenas habían pasado unas cuantas horas de aquel terrible acontecimiento en el que perdieron la vida medio centenar de personas y un bebé aun en el vientre de su madre, el 25 de Agosto ya se había convertido en un jueves negro más en la historia.
Al mismo tiempo que se llevaban a cabo las primeras investigaciones, y que las autoridades locales y estatales se echaban la culpa sobre de quién era la responsabilidad, en las redes sociales comenzó a gestarse un movimiento que ha hecho eco en todo México exigiendo la renuncia de Rodrigo Medina.
El pasado domingo fui de los pocos que acudimos a la Explanada de los Héroes –y digo pocos porque solo fuimos dos mil de los poco más de los casi cinco millones de nuevoleoneses- para alzar la voz y exigir a que en nuestro Estado regrese la paz que hasta hace algunos años disfrutábamos, el domingo vi a mucha gente conocida, mucha gente harta de lo que sucede en Nuevo León, vi gente de todos los niveles, de todas las clases sociales, unidas con un solo objetivo, hacer escuchar su voz.
Pensé en escribir acerca de lo que vi al salir de la manifestación, salí un poco descepcionado y si bien el grito "Renuncia Medina" se escuchaba fuerte y claro, preferí esperar y dejar que pasara un poco de tiempo para poder hacer un mejor razonamiento y pensar realmente con la cabeza fría sobre lo que vivimos en Nuevo León. Para ser honesto en el camino a la Explanada esperaba encontrarme con un mar de almas dispuestas a toda costa a recuperar la paz, pensaba que me encontraría con los mismos veinte mil que tres años antes habíamos abarrotado el centro de Monterrey con la marcha de Iluminemos México. Honestamente pensaba que en Nuevo León la gente estaba cansada de lo que vivimos día a día, honestamente creía que el pasado domingo se sentiría una presión social como nunca se ha vivido en nuestro estado, ingenuamente creí que sería testigo de un cambio en el switch y un despertar de nuestra sociedad.
Hoy fríamente puedo asegurar que Rodrigo Medina no se va.
Y no se va porque este realmente convencido de que hace el mejor trabajo que podría hacer, no se va porque sabe que es el único que puede hacer que las cosas sucedan en Nuevo León, no se va porque realmente este comprometido con los neoloneses, no se va porque piense cumplir con su frase de “Por ti voy a dar la cara, por Nuevo León la vida.”
Rodrigo simplemente no se va porque los Neoloneses no se lo exigimos, porque no alzamos la voz, porque no hemos despertado del letargo en el que vivimos. Nos hemos acostumbrado a que nos pisoteen, a que nuestras autoridades se burlen de nosotros, a que nos roben en nuestra propia cara y no hagamos nada al respecto.
Rodrigo no se va porque aun no nos hemos cansado de los discursos, de las frases bonitas, de las poses, de las fotos retocadas, de los spots de televisión, de la noticia rosa. Rodrigo no se va porque somos una sociedad agachona, porque somos cobardes, porque somos egoístas, porque somos torpes, Rodrigo no se va porque es el reflejo de lo que somos como sociedad.
Rodrigo no se va porque ha pasado más de un año del Huracán Alex, de que se han invertido más de 5 mil millones de pesos en el lecho del Rio Santa Catarina, todo sigue exactamente igual y nadie dice nada. Rodrigo no se va porque llevamos casi tres años en los que nuestras vialidades han estado colapsadas y nadie dice nada.
Rodrigo no se va porque nos hemos convertido en un estado donde se roban 15 mil vehículos al mes, donde hay 400 robos a casa habitación al mes, donde el robo a persona está un 75% arriba que el de la media nacional, donde el porcentaje de violaciones es el doble que el de la media nacional y nadie dice nada. Porque nos hemos convertido en un Estado donde la maldad ha vencido a la bondad, donde la impunidad le ha ganado la batalla a la justicia, donde la corrupción le ha dado un duro golpe a la honestidad.
Nuevo León va a cambiar, cuando nosotros estemos dispuestos a hacerlo, cuando comprendamos que los ciudadanos somos quienes ponemos y quienes quitamos a la autoridad, cuando nos deje de dar vergüenza pararnos en la “Macro” a reclamar nuestros derechos. Yo pensé que cincuenta muertes inocentes lo lograrían, parece que se necesita algo peor, lamentablemente a estas alturas del partido no estoy dispuesto a que eso pase.



1 comentarios:
La campaña de odio y polarización del PAN ahora se encuba en Nuevo León. conocidos lideres panistas azuzaban a le gente en medios sociales "la marcha no es por la paz, que quede claro, es para que se vaya Medina".
El PAN convirtiendo el dolor de la gente en odio. Un acto execrable sin duda.
Los muertos tiene su origen en la ya probada corrupción del Alcalde Panista de Monterrey Fernando Larrazabal.
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