miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nuestra Oportunidad

Lamentablemente, día a día aumenta más la inseguridad como tema de discusión en la mayoría de los círculos sociales. No importan los resultados, las capturas, las incautaciones record, o cualquier otro mérito que las fuerzas armadas y el Gobierno Federal tengan ante una percepción de inseguridad creciente y el desasosiego de nuestra sociedad ante esta situación.

En la mayoría de los casos, las personas que discuten la inseguridad se limitan a repetir lo que medio escuchan en la televisión, lo que medio escuchan que les cuentan los compañeros de trabajo, o simplemente lo que dicen que alguien les dijo que vio.

La inseguridad ha tocado una fibra sensible en nuestra sociedad, donde cada embotellamiento es un bloqueo, cada trueno es una granada, cada choque es una ejecución, cada policia un enemigo, y cada político un socio.

La separación entre sociedad y gobierno es mucha, pero lamentablemente la separación entre sociedad y sociedad es peor. Sorprende ver que ante hechos como estos, la sociedad se aísle, se separe de si misma y le de la espalda a lo más preciado que tiene, la compasión.

Urge una nueva perspectiva ante esta ola de violencia e inseguridad, urge hacer un cambio en la forma de ver el problema, pero no solo de eso, sino de afrontar nuestra realidad.

Hay que dejar de pensar en esto como un castigo, como un pagan justos por pecadores, en un castigo que nos dio Dios por la forma en la que los mexicanos nos dejamos pisotear por nuestras autoridades.

Hay que verlo como una oportunidad, durante muchos años la sociedad en Mexico ha pedido un cambio en su sistema político, durante muchos años esta sociedad ha querido borrar y empezar de nuevo un camino hacia la democracia.

Un México donde se respete la dignidad de las personas, un México donde el Bien Común sea el conjunto de condiciones sociales que permitan favorecer a nuestra sociedad. Un México con solidaridad y un México con subsidiariedad.

Durante años se lo hemos pedido a Dios, y ahora Dios nos da esa oportunidad, la oportunidad de cambiar, de hacer un México mejor, pero, esto no viene en bandeja de plata, esto tenemos que buscarlo nosotros.

Déjenme hacer una pregunta. Si alguien pide paciencia, creen ¿qué Dios le dará paciencia? O la oportunidad de ser paciente. Si alguien pide coraje, Dios le da coraje o la oportunidad de mostrarlo.

Si todo un país pide por un México mejor, ¿Dios les da ese país? O les da la oportunidad de hacerlo ellos mismos.