sábado, 13 de marzo de 2010

Lo urgente en vez de lo importante

Vivimos en tiempos en los que los gobernantes se limitan a atender los problemas cotidianos y dejan ignorados los temas de fondo y trascendentales, en especial el Desarrollo Urbano. Las experiencias de Nueva York y Medellín nos indican que una ciudad ordenada, limpia, con actividades culturales y recreativas reduce la inseguridad, incrementa el nivel de la calidad de vida, el turismo, la actividad económica y crea comunidad.

Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, demostró que al renovar la ciudad se reduce la inseguridad y se incrementa la calidad de vida. Fajardo realizó una profunda transformación a través de un cambio de piel, es decir, la realización de obras públicas en los sectores en donde reina la inseguridad y la pobreza. Estas obras (escuelas, bibliotecas, museos, parques, áreas deportivas etc.) ofrecen oportunidades de crecimiento, desarrollo y de inclusión social; donde un joven encontraba calles sucias y abandonadas ahora encuentra parques y espacios culturales alejándolo de pandillas y drogas y se le ofrece un camino de progreso con oportunidades para transformarse. Fajardo argumenta que estas obras se convierten en un orgullo de la ciudad y rompe con los círculos sociales, creando puentes entre distintos sectores de la comunidad cambiando el pensamiento individualista por uno comunitario. Grandes beneficios económicos son generados por estas obras, ya que se crean pequeñas empresas, negocios y nuevas atracciones turísticas que fomentan la inversión extranjera. En cuestiones de seguridad, las estadísticas de Nueva York y de Medellín demuestran que una ciudad limpia y ordenada reducen significativamente (alrededor de 65% y 50% respectivamente) el crimen y la violencia.

Monterrey cuenta con muchas oportunidades para convertirse en centro cultural; contamos con parques ecológicos, eventos deportivos, montañas envidiables, ecoturismo, museos etc. y sin embargo vivimos en una ciudad sucia y desordenada. Al vivir en Chicago he notado que pequeños detalles tienen un gran efecto en la imagen de nuestra ciudad. El simple hecho de prohibir anuncios panorámicos, exigir cableado subterráneo y tener un código de construcción hace que la ciudad luzca ordenada y limpia.

Daniel Burnham desarrolló en 1909 un plan maestro para la ciudad de Chicago y aunque no se realizó en su totalidad ha conservado su esencia de buscar un enfoque al desarrollo comunitario y no del interés individual, lo que ayudó a desarrollar la ciudad de hoy en día. Monterrey debe de emular a Chicago y crear un plan maestro de desarrollo urbano y exigir con sanciones legales que los gobernantes en turno lo respeten y promuevan.

Un manejo responsable y honesto del amplio presupuesto público nos da los recursos necesarios, además de que contamos con un sector privado deseoso de invertir como FEMSA con el estadio; ALFA con el Planetario y el Museo Papalote; Mauricio Fernández con proyectos culturales entre ellos el Museo de Historia Natural más importante de Latinoamérica entre muchos otros. Pero aún con tener los recursos y el apoyo del sector privado, se requiere de voluntad política y de planes a largo plazo que sean impulsados por líderes íntegros, comprometidos con su ciudad y que aspiren en convertir de Monterrey una metrópolis ejemplar a nivel mundial.

Con una ciudad limpia, ordenada y hermosa lograremos reducir los índices de violencia, fomentar la actividad económica, mejorar la calidad de vida, crear comunidad y sobre todo incrementar el índice de capital humano. Hay que construir y compartir una visión a largo plazo, poniendo los intereses comunitarios y de futuras generaciones antes que los nuestros; así viviremos tranquilos y el único riesgo en la ciudad será el de querer quedarse.
Eugenio Garza
twitter: @garzaeugenio
Evanston. IL