lunes 27 de octubre de 2008

El poder detrás del poder

En las próxima elecciones del 4 de noviembre de los Estados Unidos se juega algo más que las elecciones Presidenciales, detrás hay todo un juego de poder entre el partido demócrata y el republicano en busca de obtener la mayoría tanto del Senado como de la Casa de Representantes.

La importancia de estas elecciones radica que de los 100 escaños en el Senado 35 de ellos están en juego, como miembros del Senado de Clase II, así como dos elecciones más una en Wyoming y otra en Mississippi para miembros del Senado Clase I.

La composición actual del Senado marca un completo empate entre los dos partidos políticos más poderosos con 49 Senadores por cada uno, mas dos independientes Joe Lieberman de Connecticut y Bernie Sanders de Vermont. De los 35 lugares que están en juego 23 son actualmente asientos ocupados por republicanos y solo 12 por demócratas y lo que busca el partido demócrata claramente es aprovechar el alto margen de maniobra que cuentan con el apoyo de Barack Obama para ganar el 60% del senado y lograr una mayoría capaz de hacer un filibusterismo senatorial, y de esta manera poder bloquear una ley o una enmienda.

Las más recientes encuestas indican que de los 35 escaños disponibles para las próxima elecciones el partido demócrata podría ganar facilmente 21, mientras los republicanos solo podrían mantener el poder en 14 estados.

Mientras que en la cámara de representantes los 435 lugares están en juego, de los cuales el 53% corresponde actualmente al partido demócrata y el 47% restante es republicano, de igual manera se espera que el partido demócrata mantenga un pequeño pero importante control dentro de la cámara de representantes.

Lo relevante no es la futura composición del Congreso norteamericano sino la importancia de las decisiones que los próximo senadores y congresistas pudieran tomar, muchos de los actuales Senadores o Representantes republicanos son personas que a lo largo de su carrera han votado y se han mantenido a favor del Tratado de Libre Comercio. Además de eso en repetidas ocasiones Barack Obama se ha mostrado a favor de renegociar el TLC.

Históricamente el partido demócrata ha ido de la mano apoyado, y financiado economicamente por los Sindicatos más fuertes de Estados Unidos mismos que tienen un gran tinte nacionalista, que obligaria a cerrar fronteras al comercio, a dejar de importar artículos que bien podrían ser fabricados en los Estados Unidos y cerrar las plantas en otros países para mudar sus operaciones dentro de sus fronteras.

La crisis económica ha tocado fibras muy sensibles en los norteamericanos y el vuelco total hacia Barack Obama no se ha hecho esperar, los estadounidenses están a favor de un cambio total en la administración publica de su país, el problema es que posiblemente México sea uno de los países que sea afectado por ese cambio.